Valparaiso y Emiliana Vineyard

Octubre 23, 2017

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Primero fuimos a recoger una pareja estadounidense y partimos para Valparaíso los tres. Javiera nos contó el plan básico para el día y nos advirtió que en algún momento era probable que lloviera.

Llegamos al centro de Valparaíso alrededor de 1 hora y media, pasamos por el congreso de Chile además de la primera biblioteca pública de Sudamérica. Nos estacionamos en una de las plazas grandes, al lado de la primera estación de bomberos del continente. Valparaíso es una ciudad rica en historia. Una vez fue el puerto más grande de Sudamérica, y era una de las ciudades más importantes cuando los españoles colonizaron la región. De hecho fue fundada antes de Santiago, en 1536. Hoy en día es el hogar de 300.000 personas, pero el puerto ya no es el más importante de la región, ni mucho menos del continente. Es una fuente de constante inspiración, siendo la ciudad con más grafitis de Sudamérica.

 

Es una de las ciudades más coloridas que he visitado. Por donde mires hay una avenida de casas coloridas, o un mural majestuoso en el lado de un edifico medio derrumbado y sin importancia. Lo que la hace más hermosa son sus 44 cerros.

 

Muchos de ellos tienen ascensores conocidos como funiculares, que van hasta la cumbre. La mayoría tienen más de 100 años, y como muchos edificios de la ciudad, se nota. Sólo 8 de estos funiculares funcionan, pero hay un movimiento dirigido a re-abrir todos los que están cerrados (más de 20) y devolver a Valparaíso la gloria de antaño.

 

En la Plaza Sotomayor, donde nos paramos, hay un monumento gigante en el centro.

 

Este monumento era para conmemorar a los héroes de la Guerra del Pacífico, donde Chile luchó contra Perú y Bolivia al norte en 1879-1883. Ganaron los chilenos y lograron cortar el acceso al mar para Bolivia, llevándose la región Atacama. Sin embargo, durante la guerra, con todas las fuerzas chilenas estando en el norte, Argentina tomó la oportunidad de invadir Patagonia del este y tomar el control. Esto le dio a Chile su larga forma serpentina.

En 1906, un fuerte terremoto dio con Valparaíso y sólo 2 edificios se quedaron de pie en esta plaza. Se nota que la arquitectura aquí es única, hay edificios de oficinas modernos al lado de edificios del siglo XVIII con su decoración original.

 

Cuando salíamos de la Plaza Sotomayor, Javiera nos contó que al Starbucks que está en la plaza le va mal, al igual que a McDonald’s antes. Valparaíso es una de las únicas ciudades del mundo donde un McDonald’s fracasó y tuvo que cerrar. Pero en Viña del Mar, a sólo 10 minutos de aquí, tiene 3 restaurantes.
Mientras caminábamos más adentro de la ciudad colorida, Javiera explicaba que los marineros pintaban sus casas de colores prendidos para encontrarlas fácilmente al llegar al puerto. En sus primeros días, el pueblo era hecho de madera y barro y piratas como Francis Drake venían a quemarlo todo, saqueando como vikingos.

 

Caminamos alrededor de dos horas desde ahí, por todas las calles pintadas de grafitis. Es como si la ciudad entera fuera un museo de arte gigante. Por donde mires, hay algún tipo de arte callejera. Uno de mis lugares favoritos es encima de la funicular Reina Victoria. Hay un cerro con peldaños pintados y los de arriba dicen “No somos Hippies. Somos Happies.”

 

Hacia el final de nuestro paseo por las calles estrechas y empinadas, empezó a llover. Nos devolvimos al bus y subimos el Cerro Artillería para almorzar con vistas al puerto. Estaba algo nublado, pero igual se podía ver toda la bahía de Valparaíso.

 

Había probado la reineta la vez anterior en Valparaíso, así que pedí un buen plato de salmón con salsa húngara. No estoy seguro del por qué la salsa se llamaba así, era de champiñones y camarones, pero estaba absolutamente deliciosa. La comida me gustó muchísimo y también la vista a la bahía.
Cuando terminamos, nos despedimos de Valparaíso y fuimos a la Viña Emiliana, el viñedo orgánico más grande del mundo.

 

Ya llovía mucho. Christian, nuestro guía para la viña, tenía mucha pasión por su trabajo y la excursión fue buena.

Nos mostró las distintas cosas que usan para hacer el abono, incluyendo dientes de león, estiércol de alpaca, y otras hierbas y plantas.

 

Hubiéramos visto más pero la lluvia era demasiada y los demás pidieron devolvernos. Una vez adentro, tuvimos una degustación de vinos. No soporto el vino en general, así que me dieron un vaso aún más pequeño de las 4 muestras pero los estadounidenses parecían disfrutarlas así que no me crean a mí. Se compraron una botella después.

 

El queso estaba rico. El último queso – se me olvida como se llamaba – estaba divino.
Cuando terminamos nos devolvimos a Santiago. Javiera nos contó de muchos lugares que ver en la ciudad y ofreció enviarnos más por WhatsApp. También nos contó historias interesantes de sus aventuras por el mundo. Ha viajado por Latinoamérica, África y Europa y tiene muchos cuentos de locos.

Llegamos de vuelta en Santiago alrededor de las 6, y nos dejaron. Todo me hizo querer visitar Valparaíso de nuevo antes de que me vaya. La excursión fue excelente y la ciudad es única.